Canelo ya es un ídolo: tumba a Golovkin en un duelo épico

 

Tegucigalpa, Honduras. – El grito que emergió del T-Mobile Arena de Las Vegas se mezcló con el que partió de México. Saúl ‘Canelo’ Álvarez acababa de derrotar a Gennady Golovkin para proclamarse campeón mundial por el WBC y WBA del peso medio. La supremacía era para el mexicano el día de la fiesta nacional de su país. Celebración completa. El púgil de Guadalajara se impuso por decisión mayoritaria (114-114, 115-113 y 115-113) en un combate que volvió a cumplir la misma premisa que el primero: igualdad y controversia.

Sólo cambió una cosa, el plan de Canelo, el cual le sirvió para llevarse la victoria. Salió a hacer lo que nadie se había atrevido, boxearle doce rounds a Golovkin en la media-corta distancia. Sufrió y no ganó de manera holgada, pero su estrategia fue mejor. Su esquina estuvo mejor que la del rival y él ejecutó a la perfección. Canelo se convirtió en ídolo.

Sorprendió Canelo con su planteamiento. Olvidó la movilidad, tan criticada en su primer enfrenamiento, y se quedó estático. Tiraba de cintura, acortaba los huecos a su rival… y ahorraba fuerzas para percutir con dureza una y otra vez. Tardó dos asaltos Golovkin en leerlo. El tercero y el cuarto fueron para él. «No le tengas más respeto», le espetaron en la esquina. Les hizo caso. Se fue más directo a por Canelo y le empezó a complicar. Aun así, una de las claves estuvo en el arrojo del mexicano. Se plantó y no retrocedió, el que tuvo que hacerlo fue GGG, donde estaba incómodo y recibía golpes duros. También la variación de planos de Canelo (fue una constante llegando muy bien con el upper y el ganchos abajo). Le restó aire a Golovkin, que nunca hizo tambalearse con su manos a Canelo.

La tónica de la igualdad, con Canelo un poco mejor, que se mantuvo hasta el octavo asalto. El gas empezó a fallarle al mexicano y ahí emergió Golovkin. El trabajo de su rival había sido muy bueno. Ya que se dedicó a pegar como máximo tres manos y salir de la distancia… o esquivar y contragolpear, pero siempre en zona de peligro. El riesgo era muy alto. En la parte final la esquina de Canelo no paraba de repetir una y otra vez lo que tenía que hacer: «Debes evitar los intercambios, estás mejor y él puede acabar todo con una mano». Esa era la clave, pero Canelo había perdido el respeto y no tenía pensado achantarse. Intercambió y ahí se gustó más GGG. Llegó con manos duras, pero ninguna letal. Su pegada parecía que iba en descenso y se confirmó, antes uno de esos golpes hubiese cambiado todo. Aun así estuvo bien y acabó mandando. La igualdad volvía a ser la misma que en la primera pelea.

Todos los focos miraban a los jueces. Esta vez no hubo ninguna puntuación extraña. Decisión mayoritaria e igualada: 114-114, 115-113 y 115-113. Canelo celebraba y agradecía a su equipo. Su esquina fue parte importante de este victoria. Aprendió de los fallos y trazó un plan que ejecutó a la perfección el boxeador en el ring, aunque no avallasó. Contra un superclase como Golovkin es imposible.

Con este resultado la pregunta era clara, ¿trilogía? Canelo fue claro: «Si la gente quiere que volvamos a pelear lo haremos, pero dejadme disfrutar del momento», espetó sobre el ring. Mientras, Golovkin se marchó cabizbajo a su vestuario. Perdió la hegemonía y un reinado que tenía desde 2011. Es tiempo de plantearse el futuro, pero lo lógico parece que vuelve a verse con el mexicano en el corto o medio plazo. En el ring sólo se quedó Canelo, la fiesta estaba servida. En México le reclamaban un plus y el correspondió. En Las Vegas pasó a ser un ídolo.AS

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